El Líbano aún no ha decidido qué seguirá a la FPNUL.
Siguen en discusión varias posibilidades, incluida la reconsideración de la terminación programada de la FPNUL, otra misión de las Naciones Unidas, una fuerza multinacional dirigida por estados europeos o un acuerdo internacional más amplio. No se ha adoptado ninguna fórmula. Esa incertidumbre es más que un problema de seguridad. Es una prueba de si el apoyo internacional consolidará la soberanía libanesa en el sur o seguirá compensando su ausencia.
Más de dos tercios de los 128 diputados del Líbano firmaron una carta conjunta a los miembros del Consejo de Seguridad pidiendo que se prorrogue el mandato de la FPNUL. Aunque no es una votación parlamentaria formal, demuestra una preocupación compartida sobre las consecuencias de la partida de la FPNUL.
Las Fuerzas Libanesas no firmaron porque favorecen un tipo diferente de fuerza internacional después de la FPNUL. Hezbolá, a pesar de estar directamente preocupado, ha permanecido en silencio (Conferencia de prensa, 2026). La incertidumbre ha producido un debate sobre la identidad, la composición y el mandato de una posible fuerza sucesora. Pero la pregunta central es doble.
Primero, dadas las condiciones precarias y excepcionales en el sur del Líbano, ¿es necesaria una presencia internacional temporal? Si es así, ¿cuáles deberían ser precisamente su mandato, sus poderes y su duración?
Segundo, ¿está preparado el Líbano para confiar en las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL), darles un mandato nacional inequívoco y asegurar que el mando militar esté dispuesto y sea capaz de cumplir las órdenes legales del estado?
De una fuerza a otra, la FPNUL se estableció en 1978 y se expandió sustancialmente después de la guerra de 2006 a través de la Resolución 1701. Durante casi cinco décadas, la FPNUL ha patrullado, observado, informado y ayudado a contener la escalada a lo largo de una de las fronteras más volátiles de la región. Esas funciones importaban, pero no impidieron que las milicias se atrincheraran o desarrollaran infraestructura militar en el sur.
El personal de la FPNUL son fuerzas de paz, no el ejército soberano del Líbano. No pueden restaurar o hacer cumplir la soberanía libanesa para el estado (Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2006; FPNUL, 2026).
En agosto de 2025, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad la Resolución 2790, prorrogando el mandato de la FPNUL por última vez hasta el 31 de diciembre de 2026. La resolución prevé una retirada ordenada y segura que comenzará después de esa fecha y concluirá en un año. Su objetivo declarado es hacer que el gobierno libanés sea "el único proveedor de seguridad en el sur del Líbano".
Esa frase debería definir la discusión sobre qué sigue a la FPNUL. El único proveedor de seguridad debe ser el estado libanés, no Hezbolá, Israel o tropas extranjeras (Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2025). La salida de la FPNUL nunca tuvo la intención de conducir automáticamente a la instalación permanente de otra fuerza internacional. La transición estaba destinada a culminar con el gobierno libanés asumiendo la responsabilidad de su territorio a través de las FAL. Pero las condiciones para esa transición son ahora mucho más precarias. Grandes áreas del sur han sido devastadas, muchas personas siguen desplazadas internamente, Hezbolá aún conserva armas e infraestructura militar, y partes del territorio permanecen bajo ocupación israelí.
Por lo tanto, las FAL pueden requerir un apoyo sustancial para asumir todas las responsabilidades que actualmente comparten con la FPNUL (Naciones Unidas, 2026a, 2026b; Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2025). Los partidarios de extender el mandato de la FPNUL o reemplazarla con otra fuerza internacional advierten que su partida podría crear un vacío de seguridad. Esa preocupación es válida. Sin un acuerdo de transición efectivo, la brecha entre la retirada de la FPNUL y la capacidad del ejército para asumir el control total podría profundizar la inestabilidad.
Estas circunstancias han llevado a gran parte del debate a asumir que una misión extranjera debe ser reemplazada por otra. Si el Líbano elige ese camino, primero debería preguntar qué se esperaría precisamente de una nueva fuerza. Su mandato no puede ser vago. ¿La fuerza simplemente monitorearía las violaciones, o poseería poderes de ejecución? ¿Operaría independientemente o junto a las FAL? ¿Podría inspeccionar depósitos de armas y túneles sospechosos controlados por grupos armados? ¿A quién respondería? ¿Cómo se revisaría su conducta y cuándo terminaría su misión? Estos no son detalles técnicos. Son la sustancia del debate. Una fuerza sucesora que opere bajo esencialmente las mismas restricciones que la FPNUL podría reproducir el mismo acuerdo bajo un nombre diferente, ayudando a contener las consecuencias sin resolver la causa. Pero una fuerza con poderes significativamente más amplios podría tener serias implicaciones constitucionales, políticas y de seguridad.
Cualquiera que sea la fórmula que se adopte, cualquier acuerdo sucesor debe diseñarse para permitir que las FAL asuman la responsabilidad total dentro de un período de transición corto y claramente definido. Las FAL son la única institución militar nacional legítima capaz de asumir la responsabilidad de la seguridad en el sur y en todo el país. Pero la confianza en el ejército no puede seguir siendo retórica. El gobierno debe proporcionar recursos adecuados, apoyo financiero sostenido, personal y equipo. Sin embargo, el apoyo material por sí solo es insuficiente. Más importante aún, el gobierno debe otorgar al ejército una autoridad operativa clara y protegerlo de la interferencia, la presión y la obstrucción política. El requisito decisivo es la voluntad política.
Durante años, los líderes libaneses han declarado su apoyo al ejército mientras le negaban la autoridad plena para actuar como la institución militar exclusiva del país. El gobierno debe emitir órdenes claras y legales. El mando del ejército debe tener entonces la determinación de implementarlas. Su comandante debe estar preparado para ejercer los poderes de la institución, hacer cumplir su cadena de mando y llevar a cabo la misión encomendada al ejército.
El problema, por tanto, no es simplemente si las FAL poseen actualmente suficiente capacidad militar. El Líbano y sus socios internacionales pueden abordar las deficiencias en financiación, equipo, movilidad, vigilancia y capacidad de ingeniería. La pregunta más profunda es si el estado le dará al ejército una misión única, una cadena de mando única y la protección política necesaria para cumplirla.
El marco ya apunta a las FAL. El reciente marco negociado por Estados Unidos entre el Líbano e Israel coloca explícitamente a las FAL en el centro de la transición. Establece que "las FAL restaurarán la autoridad soberana efectiva sobre todo el territorio libanés" a medida que los grupos armados fuera del control estatal sean desarmados y las fuerzas israelíes se retiren progresivamente. El Líbano e Israel también "se comprometen a establecer un grupo de coordinación militar" con el apoyo y la participación de los Estados Unidos para supervisar la implementación (Departamento de Estado de los EE. UU., 2026). El marco ha dado un paso más hacia la implementación.
Tras dos días de conversaciones mediadas por Estados Unidos en Roma, las partes acordaron la estructura y las directrices para el proceso que involucra dos zonas piloto iniciales. Estos arreglos deben finalizarse e implementarse en los próximos días. Dentro de esas zonas, el proceso pretende facilitar la retirada israelí y la extensión del control de las FAL (Embajada de los Estados Unidos en Beirut, 2026). El marco identifica a las FAL como la institución principal responsable de la transición. El objetivo debe ser inequívoco. El sur del Líbano ya no debe ser controlado por Hezbolá, ocupado por Israel o administrado indefinidamente por fuerzas de paz internacionales. Debe ser asegurado por el estado libanés a través de las FAL. Esto no significa rechazar la asistencia internacional. El Líbano seguirá requiriendo un fuerte apoyo externo para financiar y equipar a las FAL, proporcionar capacitación y experiencia técnica, y ayudar a estabilizar las comunidades a las que deben regresar los libaneses desplazados.
Una fuerza internacional temporal puede ser necesaria bajo las circunstancias actuales, pero su mandato debe estar claramente definido, su duración limitada y su éxito medido por la responsabilidad que transfiere a las FAL.
