Ya no hay espacio para el apaciguamiento. El Líbano hoy no es un estado, sino un cadáver político devorado por un sistema de corrupción, una milicia armada y un saqueo organizado. Una autoridad gobernante que gestiona el colapso en lugar de enfrentarlo y entierra sin descanso lo que queda de las instituciones y la dignidad nacional. Cada intento de reparación, cada conversación sobre "reforma gradual", no es más que otra mentira destinada a ganar tiempo.
La única solución es la revolución: una revolución integral contra todo el sistema, desde su cabeza hasta su cola.
No hay estado sin monopolio de las armas... y no hay soberanía con una milicia por encima de la ley
¿Cómo puede recuperarse el Líbano mientras las armas del estado están confiscadas? ¿Cómo puede cualquier gobierno construir una economía o estabilidad mientras una fuerza armada controla las decisiones de guerra y paz, tratando al estado como un detalle menor dentro de un proyecto regional más amplio?
La implementación de la Resolución 1701 no es una opción, sino una condición existencial. Ningún estado puede existir bajo una milicia, y ninguna soberanía puede construirse sobre los escombros de la sumisión. O las armas regresan a manos del estado, o seguimos siendo un pueblo sin estado, una nación rehén.
Los fondos de los depositantes no son una cuestión de opinión
El robo del siglo no se borrará con amnesia ni acuerdos. Los bancos que presumieron durante décadas de su "fortaleza" se convirtieron repentinamente en una pandilla financiera, totalmente respaldada por políticos y el banco central.

